Recientemente me embarqué en una reflexión sobre el bardo de la muerte y el samsara. Esto sucedió porque me puse a ver la serie Kowloon Generic Romance, me eché al hilo los nueve capítulos disponibles hasta el momento (1 de junio 2025) y luego leí los 78 capítulos del manga. Antes de proseguir quiero advertir que este artículo pude incluir spoilers. Así que advertidos están y aquí vamos a embarcarnos en un viaje a través del bardo, maya (ilusión) y el samsara…
La serie abre con información sobre el proyecto Gene Terra, en la televisión cuentan como esta tecnología puede almacenar los recuerdos de las personas, para después recrearlas. La idea básicamente es que puedes almacenar tu “consciencia” ahí y luego descargarla en un recipiente (clon). La gente parece muy entusiasmada con esta tecnología. Parece una forma de evadir la muerte lo cual toca fibras profundas en la psique humana, en nuestro miedo profundo al fin que significa la muerte, tanto en el caso de nuestra muerte como la de aquellos que amamos.

Luego conocemos a nuestros protagonistas Reiko Kujirai y Hajime Kudou, ambos trabajan como agentes de vienes raíces en la agencia Wong Loi Realty. Vemos que son camaradas, se llevan bien, colaboran, se echan carrilla y suelen salir a comer juntos. Mientras ellos transitan por las calles, los restaurantes, bares y cafés, nosotros empezamos a reconocer el paisaje de Kowloon, una ciudad amurallada, ruinosa, en la que todo parece juxtapuesto y la infraestructura es tan vieja que funciona de milagro. Pero que contrastantemente está llena de vitalidad, sus habitantes parecen contentos de estar ahí, la comida es deliciosa, abundante y diversa. Los mayores conviven mientras juegan mahjong, los niños juegan, la gente vive y trabaja entre intrincados callejones llenos de amuletos que invitan a la buena fortuna y albergan todo tipo de negocios y rincones nostálgicos.
A lo largo de la serie nos enteramos del apego que Hajime Kudou tiene por la ciudad (pese a haber sido transferido a esa sucursal desde Japón) y como intenta transmitirle su pasión a Kujirai. También aprendemos que la ciudad Kowloon es la segunda versión de la misma. Pues la primera fue demolida en 1994 y reconstruida ilegalmente. Se rumora entre los habitantes que hay un nuevo plan para demolerla. Pero los negocios siguen abriendo y cerrando, los habitantes siguen rentando y mudándose, Kudou y Kujirai siguen teniendo trabajo y la ciudad está llena de vida. Una tarde Kujirai llega a la oficina y descubre a Hajime durmiendo la siesta, lo regaña pues si llega un cliente daría una pésima impresión. Kudou aún medio dormido la abraza y la besa con pasión. Luego se percata de lo que hace y la empuja. Se disculpa diciendo que la confundió con otra persona y sale. Kujirai queda confundida, en shock y reconoce que le gusta Hajime.

Hasta aquí todo parece una historia romántica más o menos normal. Pero más tarde por accidente, cuando Kujirai pretende recoger unos documentos que han caido del escritorio de Kudou descubre una fotografía en la que él posa con su novia… Y su novia es exactamente igual a ella… ¿quién es esa mujer?, ¿será por eso que el mesero del Café el Pez Dorado que visitaron recientemente le dijo a Kudou que era bueno verlo por ahí con su novia?. Kujirai decide buscar al mesero para investigarlo y al hacerlo descubre que Gwen (así se llama el mesero) fue quien tomó esa foto, para celebrar su compromiso de matrimonio. Reiko no sabe que pensar. Ella no recuerda nada. La mujer de la foto le sonríe con su rostro. Kudou la trata como si fuera otra persona…
Conforme la trama avanza descubrimos varias cosas. Es cierto que hace tres años existió una Reiko Kujirai que amaba Kowloon y le enseñó a Kudou todos los lugares y aspectos que adoradaba de la ciudad después de que lo transfirieron. Es cierto que ambos se volvieron pareja, y frente a la noticia oficial de la inminente demolició de Kowloon, él decidió pedirle matrimonio. También es cierto que ella murió una noche antes del día en que prometió darle su respuesta. La Reiko sin recuerdos que descubre esa historia ha decidido bautizar a la Reiko de hace tres años como Kujirai B. A lo largo de su pesquisa hace amistad Yaomei, una chica rubia que ha declarado haberse hecho cirujía plástica de pies a cabeza para dejar atrás a la persona que solía ser y que se alía con Reiko para descubrir la verdad. También conoce al Dr. Hebinuma, quien está asociado con la corporación detrás de Gene Terra y aferrado en descubrir más sobre Kujirai y qué está pasando en Kowloon; pues planea utilizar esta información para vengarse de su padre adoptivo y fundador de la compañía Hebinuma. También aprendemos más sobre Tao Gwen, la pareja del doctor Miyuki Hebinuma y amigo de Hajime Kudou.

A través de este último, Yaomei y Reiko descubren que el Kowloon en el que habitan es un lugar ilusorio, que sólo unos cuantos pueden ver y acceder. El resto de las personas sólo ven las ruinas de Kowloon que efectivamente fue demolido hace tres años. También descubren que en la ciudad hay “dobles” de personas que desaparecen cuando “el original” entra a la ciudad. Tal es el caso del Gwen original. Su doble que trabajaba en El Pez Dorado, deja el empleo de un día para otro después de que él vuelve a la ciudad. La mayoría de la gente de Kowloon son dobles con excepción de unos pocos que además están conscientes de que las figuras de alrededor son dobles e ilusorias. Gwen también descubre que la comida y bebida del Kowloon ilusorio hace que la gente se olvide de que está viviendo en un lugar que realmente no existe. El doctor Hebinuma junto con su equipo descubre que el elemento en común que aquellos capaces de ver y experimentar el Kowloon ilusorio comparten es un sentimiento de arrepentimiento que los ancla a ese lugar.

Por su parte Kujirai se promete a si misma ser su verdadero yo y no intentar imitar a su predecesora Kujirai B. Eventualmente la razón detrás de este mundo ilusorio se empieza a hacer cada vez más clara: esta ilusión y sus dobles son un producto de la consciencia de Hajime Kudou interactuando con el Gene Terra…
El manga ha entrado en su arco final así que la conclusión de esta historia está por verse, pero una vez que he planteado de que se trata quiero explicar por qué esta serie me hace pensar en el maya (ilusión), el samsara en el que vivimos y el bardo de la muerte. Primero que nada vamos a explicar a qué me refiero con maya. Este término proviene del sánscrito, significa “ilusión” o “apariencia”, pero también significa “poder crear». En los Vedas, maya era el poder divino de manifestar o crear la realidad/mundo. Posteriormente en el hinduismo maya es la ilusión cósmica que funge como velo de la realidad suprema (representada por Brahman). A diferencia de esta tradición, en el budismo no hay una entidad divina creadora, por lo tanto maya no se refiere al poder divino sino a un velo cognitivo que nos impide ver la naturaleza última de las cosas. De tal manera que creemos en lo condicionado, es decir aquello que es transitorio y compuesto como algo sólido, que tiene existencia propia. Esto se vincula con annica o la impermanencia, dukkha la insatisfacción/sufrimiento y anatta el no-yo. Algunas metáforas que se usan para ejemplificar maya son: el arcoiris porque no tiene sustancia aunque es un fenómeno que nos parece real y los sueños, porque el mundo onírico es un claro ejemplo de una realidad ilusoria.

Por otro lado samsara significa “moverse continuamente”, “fluir junto” y es un término que se refiere al continuo ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento en el que todos los seres existen hasta que encuentran la liberación/iluminación. El samsara se alimenta de avidya o ignorancia, es decir la incapacidad de ver la realidad tal cual es (como maya), el apego-deseo y la aversión-odio. El ciclo de samsara se perpetua a través de la ley de causa y efecto, es decir el karma (sí amigos, karma no significa “castigo” esa es una malinterpretación occidental). De tal manera que cada acción física, verbal o mental, deja una huella que eventualmente madura generando experiencias. En resumen, maya (ilusión) es la forma en el que el samsara se manifiesta. El samsara a su vez es impulsado por el apego que tenemos a las apariencias ilusorias y liberarnos de ello implica poder ver a través de maya, el velo de la ilusión.

Ahora vamos a hablar del bardo. Esta palabra tibetana se refiere al “estado intermedio”. En la tradición budista tibetana y especialmente en las enseñanzas del Bardo Thödol (conocido en occidente como el Libro Tibetano de los muertos), un bardo es un estado transitorio de consciencia entre dos fases de la existencia. Contrario a la creencia popular el bardo no sólo hace referencia al bardo de la muerte, sino que toda nuestra vida se constituye de bardos: el bardo de la vida, el bardo de la meditación, el bardo del sueño, el bardo de la realidad luminosa, el bardo del renacimiento, etc.
¿Qué tiene que ver todo esto con Kowloon Generic Romance? ¡Todo amigos! Todo. El bardo de la vida es el estado de consciencia que transitamos desde el nacimiento hasta la muerte, el budismo lo considera una oportunidad excepcional y preciosa para despertar, pero generalmente lo vivimos sin lucidez. De tal manera que vamos en automático por la vida, reaccionando a los estímulos, repitiendo patrones y con insatisfacción o sufrimiento. El Kowloon post destrucción es el perfecto ejemplo de maya, un mundo ilusorio y samsárico en el que se despliegan las relaciones kármicas de los personajes. Reiko y Hajime, viven en este escenario simulado pero que se siente real para ellos. Donde el tiempo es circular, siempre es verano, es decir la época en la que Hajime llegó a Kowloon y se enamoró de Kujirai B y antes de la destrucción de la ciudad.

Hablemos ahora del bardo del sueño (milam bardo), cada noche mientras el cuerpo descansa, la mente sigue creando mundos, la consciencia viaja a través de ellos. Los sueños pueden ser samsáricos que se dividen en kármicos, o los que repiten emociones y circunstancias no resueltas y los simbólicos que nos revelan información y patrones. También existen los sueños lúcidos, es decir aquellos en los que sabes que sueñas mientras el sueño transcurre y que a su vez abren la puerta a la transformación del sueño, a la trascendencia de los patrones kármicos. Practicar la lucidez en el sueño es entrenar la mente para reconocer la ilusión, y en la tradición budista tibetana es parte del yoga del sueño que puede usarse como entrenamiento para transitar el bardo de la muerte.
Creo que es muy claro desde un momento temprano en la narración que todo se desprende de la consciencia de Hajime. Vemos como el Kowloon (ilusorio) en el que habita, al igual que los sueños, es una recreación del Kowloon que él recuerda a través de su subconsciente. Por eso hay tantos detalles, a nivel consciente puede que él no recuerde todo, pero su subconsciente es capaz de almacenar y reproducir muchísimos elementos. Además la ciudad se transforma, hay partes o cosas de las que él no estaba consciente, pero que aparecen cuando él aprende sobre ellos. A veces descubre particularidades que ignoraba a través de conversaciones con otros habitantes originales (no dobles) de Kowloon y estos detalles o lugares de la ciudad se manifiestan cuando Hajime las integra a su «banco de datos». Sólo unos pocos personajes están lúcidos, es decir “saben que están en un mundo ilusorio”. Hajime es como un soñador semilúcido: sabe que él es original y hay algunos cuántos como él, sabe que el resto son dobles, sabe que hay algo que no encaja, pero no quiere salir de ahí. No quiere despertar.

Abordemos el bardo de la muerte. Morir es un proceso, el cuerpo físico cesa con la disolución de los elementos y la consciencia se libera. Entonces surgen fenómenos internos: experiencias de luz, visiones arquetípicas etc. Al igual que el bardo del sueño, este estado intermedio refleja todo lo que no se ha resuelto en el karma personal. Recordemos que el karma está asociado con la causalidad, puede haber experiencias placenteras o de insatisfacción o sufrimiento. Pero en todo caso, si carecemos de lucidez, es decir de la experiencia de estas conscientes de que estamos en el bardo de la muerte mientras lo transitamos, nos relacionamos con los fenómenos que se nos presentan de la misma manera como nos relacionamos con el maya samsárico. Es decir, como si fueran “reales”, nos apegamos, amamos, odiamos, etc. Transitar el bardo de la muerte sin lucidez nos lleva a renacimientos no conscientes.
En la serie, el proyecto Gene Terra y el Kowloon ilusorio parecen ser una proyección del karma de Hajime a partir de la muerte de Kujirai B. El verano eterno de su estancamiento emocional, la ciudad misma como un espacio entre vidas, lleno de dobles ilusorios y recuerdos, en donde todo se repite. La recreación de su prometida que se ve igual que Kujirai B pero que no es la misma persona. El deseo contradictorio de que no lo abandone, y el sufrimiento que le causa estar con ella y revivirlo todo de nuevo.

Kowloon Generic Romance es una historia de amor… sí, pero también es una historia sobre el apego, el duelo, el sufrimiento, la búsqueda de identidad, la insatisfacción y un cuestionamiento sobre la naturaleza de la realidad. Es una exploración de la vida, pero también de los vericuetos de la mente subconsciente y su capacidad para determinar las circunstancias de nuestra existencia. Un ejemplo de cómo el duelo atraviesa nuestras vidas y pude llevarnos a vivir en un bucle de circunstancias confusas que mezclan el placer y el dolor hasta que logramos encausar nuestro duelo, integrarlo, trascenderlo a través de la transformación. A veces un dolor no resuelto puede volverse un mundo entero. A veces lo más difícil no es despertar sino soltar aquello a lo que nos hemos apegado, tanto en la vigilia como en los sueños, pues ambos se reflejan mutuamente.
No tenemos que esperar la muerte para aprender del bardo. Cada transición de nuestra existencia es una invitación para transitar el bardo, para contemplar maya, para hacernos conscientes del samsara en el que habitamos. Cada cosa que perdemos, cada duelo, nos abre una puerta. Puede ser una mudanza, una amistad que nos deja, una relación que termina o la experiencia de sentir como partes de nosotros van muriendo a lo largo de nuestras vidas. Al igual que Kowloon, hay terremotos, derrumbes, gente que desaparece, pero si somos conscientes de estar soñando, entonces podemos crear algo nuevo. Aunque eso implique dejar de apegarnos a nuestro amado, ilusorio y eterno verano.
Dime ¿hay alguna ilusión en tu vida que repites como real, solo porque no has podido soltarla o transformarla?
Por cierto, si te atrae explorar el misterio de los sueños, puedes leer esto que escribí sobre por qué nuestros sueños importan.
Actualmente dirijo DiosalocaMX y DLMX Learning, plataformas dedicadas a la exploración de la consciencia a través de los sueños, el arte, la escritura y los estados liminales.
Mi trabajo integra pedagogía simbólica, procesos creativos y prácticas contemplativas, con un enfoque profundo en la imaginación, el lenguaje y la experiencia interior.
He trabajado como ghostwriter, traductora, locutora (107.9 FM) y productora del primer Slam Nacional MX para el Circuito Nacional Poetry Slam MX (2015–2017). Durante más de una década desarrollé múltiples sets de spoken word, algunos acompañados de loops vocales y sonoros, y colaboré con directores, actores y músicos.
En 2011 formé, junto con Iraida Noriega y Leika Mochán, el proyecto Frágil, que unió música y poesía. En 2014 circunnavegué el globo a través de 12 países. En 2016 representé a México en el Slam Internacional de la FLUPP (Brasil), obteniendo el tercer puesto. En 2017 presenté Respira poesía, mi cuarto poemario spoken word, y formé un dueto de spoken word y música experimental con Alda Arita. Soy fundadora de DiosalocaMX y SpokenWordMX.
Actualmente desarrollo proyectos pedagógicos y creativos independientes, y continúo explorando la relación entre lenguaje, sueños, arte y consciencia.